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Derechos de autor de un tatuaje: cómo enseñar el diseño sin que acabe en otro estudio

Tres tardes dibujando una pieza de antebrazo. Se la mandas al cliente por WhatsApp, en buena resolución, y deja de contestar. Dos meses después la ves en el perfil de otro estudio, línea por línea, en el brazo de esa misma persona. Contra esto no hay un remedio perfecto, pero hay costumbres que hacen que copiarte sea más incómodo y que, si llega el caso de defender tus derechos de autor sobre el dibujo, te dejan demostrar qué dibujaste tú y cuándo.

Un boceto a lápiz sobre la mesa y, al lado, un móvil con una foto del mismo diseño cruzada por una marca de agua diagonal semitransparente

Por dónde se escapa un diseño

Suele empezar sin mala intención. El cliente hace una captura para enseñársela a su pareja, la pasa al grupo de amigos y alguien le comenta que en el estudio de su barrio se lo hacen más barato. Con la imagen en el móvil, el siguiente paso es fácil: entrar en otro estudio, enseñar la captura y pedir «esto mismo, pero un poco más pequeño».

El otro tatuador a lo mejor ni sabe que el dibujo es tuyo, porque para él es una referencia que trae el cliente. Por eso interesa que la imagen que circula lleve dentro quién la dibujó y para quién.

Cobra la señal antes de dibujar

El diseño es trabajo, y la forma más directa de no perderlo es que esté pagado en parte antes de abrir el cuaderno. Con la señal pagada, el cliente tiene un motivo para volver contigo, y si desaparece, esas horas de dibujo no salen de tu bolsillo. En cuánto pedir de señal por un tatuaje tienes ejemplos según el tamaño de la pieza.

Deja escrito también cuántos cambios entran en el precio. Por ejemplo: «La señal incluye el diseño y dos rondas de cambios; a partir de la tercera, cada ronda se cobra aparte». Con esa frase en tus condiciones de la señal, es más difícil que alguien te pida la sexta versión gratis o se lleve cinco borradores distintos para comparar precios.

Cuatro formas de enseñar un diseño y dónde falla cada una

Formas de enseñar un diseño antes de la cita
Cómo lo enseñasQué protegeDónde falla
En persona, en el estudioLa imagen no sale de tu mesaQuien vive lejos tiene que venir dos veces, y en la sala de espera también se hacen fotos
Imagen en baja resoluciónCuesta usarla como plantillaEn una pieza pequeña o de línea fina se ve lo bastante para copiarla
Marca de agua con el nombre del estudioSe sabe de dónde salióSi va en una esquina, se recorta en dos segundos
Solo el día de la citaNadie tiene la imagen antesNo queda margen para cambios y la sesión empieza redibujando con el cliente nervioso

Ninguna resuelve el problema sola. En la práctica se combinan dos cosas: la señal ya pagada y una imagen con una marca de agua que no se quite con un recorte.

La marca de agua útil lleva el nombre del cliente

Una marca con el nombre del estudio en una esquina dice de dónde viene el dibujo, pero al cliente le da igual reenviarla. Cuando en la imagen aparece su propio nombre, cruzando el dibujo en diagonal, cada captura que mande lleva su nombre encima, y el estudio que la reciba ve enseguida que ese diseño se hizo para otra persona en otro sitio.

Para que no se pueda quitar, la marca tiene que pasar por encima de las líneas importantes, repetirse por toda la imagen y ser semitransparente: que deje ver el diseño, pero que no sirva como plantilla. Hacerlo a mano en cada versión lleva su rato, y es justo el paso que te saltas cuando vas con prisa.

Ventana «Enviar diseño» de OpenInk Studio con dos imágenes del diseño, una nota, el aviso de la marca de agua y la opción «Ver una sola vez» activada

Cada versión admite una nota de hasta 500 caracteres, para explicar el tamaño, la zona o en qué tiene que fijarse el cliente. Si activas «Ver una sola vez», el cliente puede abrir esa versión una única vez y, al cerrarla, desaparece. El navegador no puede impedir una captura de pantalla, eso sí, pero la captura sale con la marca de agua, con tu estudio y su nombre.

En la conversación cada versión muestra su estado: «Aún no lo ha visto», y después «Visto», «Aprobado» o «Pide cambios», cada uno con su fecha y hora. El cliente tiene dos botones, «Me quedo con esta» y «Quiero cambios», y si elige cambios escribe qué quiere tocar. Cuando mandas una versión nueva, la anterior queda marcada como sustituida. Funciona igual en todos los planes, también en Free.

Una mano sostiene un móvil con el diseño marcado con el nombre del estudio y del cliente y, debajo, los botones «Me quedo con esta» y «Quiero cambios», sobre fondo de papel beige con dibujos de líneas

Tatúa la versión que el cliente aprobó

El día de la cita, abre la versión aprobada y trabaja sobre esa. Si en la camilla te pide mover una hoja o añadir una fecha, apúntalo en la conversación antes de empezar. Parece papeleo, pero es lo que te salva la tarde en que alguien dice «yo esto no lo aprobé»: tienes la imagen, la fecha y el botón que pulsó.

Guarda también los bocetos con su fecha: el archivo de Procreate con sus capas, las fotos del papel, la carpeta con todas las versiones y el briefing del cliente (si no usas uno, aquí tienes una plantilla de briefing de tatuaje). Si algún día tienes que demostrar que el diseño es tuyo, esa secuencia de borradores, junto con los mensajes del cliente, es lo que vas a poder enseñar.

Lo que dice la ley sobre los derechos de autor de un tatuaje

Un diseño de tatuaje original se protege como cualquier otro dibujo. En España, el artículo 1 de la Ley de Propiedad Intelectual (texto refundido aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/1996) dice que la propiedad intelectual de una obra corresponde al autor «por el solo hecho de su creación», y el artículo 10 incluye el dibujo entre las obras protegidas. En México, el artículo 5 de la Ley Federal del Derecho de Autor protege la obra desde que se fija en un soporte material y aclara que reconocer el derecho no exige ningún registro. Lo difícil no es tener el derecho, sino probar que el dibujo es tuyo y desde cuándo.

La sentencia de Colonia tiene otra lectura para ti. Cuando un cliente te trae la foto del tatuaje de otra persona, úsala como referencia de estilo y dibuja algo tuyo, porque en Colonia quien tuvo que pagar fue el tatuador que copió, aunque la imagen se la hubiera traído el cliente.

Si ya ha pasado y ves tu diseño en el perfil de otro estudio, ordena primero lo que tienes antes de escribir a nadie:

  1. Haz capturas de la publicación con la fecha y el nombre de la cuenta, antes de que la borren.
  2. Junta tus pruebas: los bocetos con fecha, la versión que mandaste, los mensajes con el cliente y, si la tienes, la aprobación con su fecha y hora.
  3. Escribe al otro estudio con calma y por escrito. Puede que no supiera de dónde salía la imagen, y una conversación tranquila puede acabar con la foto retirada o con tu nombre en los créditos.
  4. Si no responde o la cosa va a más, pasa todo a un abogado especializado en propiedad intelectual de tu país antes de mover ficha.

Reclamar cuesta tiempo y dinero, y en Colonia la indemnización se quedó en 1.500 €, así que pide al abogado una estimación de costes antes de decidir si vas a juicio.

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